El eje oral–cerebro en el envejecimiento cognitivo
Abr 06 de 2026 0
El deterioro cognitivo es un desafío global persistente y discapacitante, y se proyecta que el número de personas que viven con demencia alcanzará 82 millones para 2030 y 152 millones para 2050. Asimismo, con el envejecimiento de la población, también está aumentando la incidencia del deterioro cognitivo asociado a la enfermedad de Parkinson.
Si bien los trastornos vasculares y metabólicos son contribuyentes bien establecidos al deterioro cognitivo, otros factores —incluyendo edad avanzada, disfunción diurna, sexo, anemia, inactividad física y aislamiento social— también han sido implicados. La inflamación periférica crónica ha surgido como un posible factor modificable que impulsa el deterioro cognitivo. Identificar estos factores de riesgo modificables es esencial para desarrollar estrategias preventivas y descubrir biomarcadores tempranos de neurodegeneración.
Las infecciones e inflamaciones orales se encuentran entre las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo. La periodontitis, la caries dental y las infecciones endodónticas —condiciones que afectan a más del 80% de los adultos— resultan de la interacción entre la actividad microbiana y la susceptibilidad del huésped. Aunque son prevenibles, estas enfermedades generan una carga considerable para la salud y la economía, además de disminuir la calidad de vida a lo largo de toda la vida.
Más allá de la incomodidad, el dolor y la pérdida dental, que afectan la masticación y el funcionamiento diario, las enfermedades orales generan altos costos para las personas y los sistemas de salud. Los gastos globales en tratamiento de enfermedades orales superan los 350 mil millones de dólares anuales, lo que representa casi el 5% del gasto mundial en salud.
Además, cada vez hay más evidencia que vincula las enfermedades orales con condiciones sistémicas como enfermedad cardiovascular, diabetes y accidente cerebrovascular. La salud oral se reconoce cada vez más como un factor relacionado con el estilo de vida relevante para trastornos neurológicos, incluida la enfermedad de Alzheimer.
La periodontitis, una enfermedad inflamatoria crónica impulsada por comunidades polimicrobianas disbióticas, ejemplifica esta conexión. A medida que el equilibrio microbiano cambia desde microorganismos comensales asociados con la salud hacia patobiontes patogénicos, también cambian las funciones microbianas, promoviendo inflamación sostenida y destrucción tisular.
La disbiosis oral puede contribuir a la carga infecciosa e inflamatoria sistémica mediante la translocación microbianay la activación del sistema inmunitario. Estos procesos pueden influir en la salud neurológica a través del eje oral–cerebro, un marco conceptual que vincula los ecosistemas microbianos orales con las vías neuroinflamatorias implicadas en el deterioro cognitivo.
Sin embargo, la evidencia a nivel poblacional que conecte el microbioma oral, la salud periodontal y el envejecimiento cognitivo sigue siendo limitada...